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ENIGMAS DEL PODER


Ensayo  
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AMÉRICA LATINA, EL NUEVO ORDEN MUNDIAL Y LOS HIJOS DE UN DIOS OSCURO
“Estamos al borde de una transformación global. Todo lo que necesitamos es la más grande crisis y las naciones aceptarán el Nuevo Orden Mundial”
David Rockefeller


I


América Latina perfila su rostro, mira el Basilisco (en miniatura del Bestiario de Oxford); observa el advenimiento del “Nuevo Orden Mundial” (NWO, por sus siglas en inglés). Se halla a la defensiva, atada de manos, desdibujada por el pillaje. Ha sido despojada de sus tesoros, reliquias y tradiciones. Chalchihuitlicue ya no anda por las selvas. Atahualpa es otra vez asesinado. El “Nuevo Orden Mundial” no es más que un camino de cardos, púas y lacerías, pavimentado y trazado por los centros de poder mundial y regional en contra de la humanidad. El “Nuevo Orden Mundial“ es la solución final para los habitantes del planeta, la depopulación, orquestada desde las altas esferas del gobierno mundial invisible y sus mascarones de proa y verdugos: las corporaciones transnacionales. Exxon Mobil, American Telephone & Telegraph Co., ChevronTexacoCorp., Chase Manhattan Bank, Royal Dutch Shell, Westinghouse Electric Corp., The Coca Cola Co., Lehman Brothers, General Electric Co., son algo más que nombres que deambulan a través de los pasillos de Wall Street. Tras ellas (junto a ellas) jefes de Estado, empresarios, ministros de la economía, banqueros, hombres de negocios, nobles, aristócratas, políticos, altos ejecutivos, militares, intelectuales (portadores todos de la llama tecnocrática y plutocrática). Han decidido controlar el mundo desde los espléndidos salones de sus villas y palacios en Norteamérica, Europa y Japón; desde el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, Maastricht y el estruendo de los misiles tomahawk.

El “Nuevo Orden Mundial” es el fatídico y más reciente organigrama político, económico, social, tecnológico y militar contra el planeta. Un engendro (simulacrum) creado e impuesto por un minúsculo número de familias y clanes en las regiones hiperdesarrolladas del globo. “Los dueños de la tierra -escribe Ignacio Ramonet- nunca fueron tan pocos ni tan poderosos”.

El “Nuevo Orden Mundial” está construido sobre mentiras, propaganda negra y operaciones de guerra psicológica (el vehículo: mass media, think tanks). Aspira edificar una “aldea global” sin ideologías, sin Estados nacionales, sin soberanías, sin derechos y garantías sociales, sin industrias básicas y públicas, a través de sus “programas de ajuste estructural”; un “Nuevo Orden” escatológico, primario, gobernado desde y para el caos; desde y para la Comisión Trilateral, Bilderberg, el Comité de los 300, el Club de Roma (y su “alto al crecimiento”), el Foro Económico Mundial, el Consejo de Relaciones Exteriores, las enseñanzas del Massachusetts Institute of Technology (MIT), el pensamiento único social-liberal, el monetarismo friedmaniano, la sociedad postindustrial y el universo de los Morlock sobre los Eloi. En la gran mesa del festín humano, los países del Tercer Mundo sobran; los verdaderos dueños de las riquezas, los recursos naturales y las materias primas, sentados bajo la mesa, no son más que mendigos, “comensales inútiles”



“...las armas de destrucción masiva en Iraq fueron sólo un pretexto burocrático para lanzar la guerra por el petróleo”
Paul Wolfowitz


II


Las corporaciones transnacionales, guadaña en mano, han comenzado una guerra que sus operadores políticos e intelectuales (como Robert Kagan, Francis Fukuyama o Samuel Huntington) han llamado, infeliz e impropiamente, “guerra contra el terrorismo”. Empero, se trata de una excusa, de un insólito pretexto que los centros de poder han articulado (y vociferan) en nombre de la “libertad”, “la democracia”, las ganancias, el mercado y la “voluntad de dominio” (para utilizar una expresión de Nietszche). La idea de la muerte de los Estados nacionales se conjuga perfectamente con la idea del nacimiento de los Estados corporativos. Han estimulado la formación del “Mercado Mundial”, “la interdependencia” y el proceso de “cesión de soberanías”. Lo decía Edmond de Rothchild de la siguiente manera: “La estructura que debe desaparecer es la nación”. Y Zbigniew Brzezinski (ideólogo de la Comisión Trilateral con Henry Kissinger): “...en nuestros días, el Estado-Nación ha dejado de jugar su papel”. En otras palabras, los distritos financieros están doblando (curvando) el mundo, como hacen los agujeros negros cuando atraen hacia sí y engullen cuanto se les acerca. Intentan, pues, transformar el mundo en un conjunto poco menos que informe de Estados corporativos (con fronteras imaginarias) unidos por la economía de mercado, el dólar, las rutas comerciales, los capitales golondrinos, los oleoductos, los gasoductos y las bases militares. Alice’s Adventures in Bundesbank. Una enorme aldea con algunas metrópolis y muchas provincias gobernadas por procónsules. Iraq, Afganistán y todos los protectorados y pseudoprotectorados de la Tierra. Carterpillar, Saint-Gobain, Hewlett-Packard, Cummins, Bechtel, Mitsubishi, Gibbs, Sony, Nippon Steel, Fiat. El planeta se está convirtiendo, lentamente, en un gigantesco y apetitoso mercado cuya locación es la geografía mundial y en el que las multinacionales pretenden colocar, a toda costa, sus productos, capitales e intereses. Para ello, necesitan reorganizarlo geopolíticamente. Se trata del “antiguo reparto”, pero esta vez no de territorios sino de mercados, fuentes de energía directa y zonas de influencia. Los centros de poder mundial y sus corporaciones transnacionales son, en realidad, países sin territorio en busca de regiones en las cuales establecer sus gobiernos y organizar sus cuarteles generales. Su diáspora parece haber terminado. El objetivo: apoderarse del planeta; necesitan, por supuesto, destruir los Estados nacionales a través de la globalización (mundialización) e intervenir en el comportamiento económico, político y social de los países a través del neoliberalismo. Según Ignacio Ramonet: “La globalización no aspira tanto a conquistar países como a ganar mercados”. Quieren empresas básicas, institutos de seguro social, aerolíneas, autopistas, hospitales, agua, calles, árboles, edificios, todo.



“De lo que se trata es de sustituir la autodeterminación nacional que se ha practicado durante siglos en el pasado por la soberanía de una élite mundial de técnicos y hombres de finanzas”
David Rockefeller


III


Las masas tectónicas del continente geopolítico se están desplazando. Con el fin de la guerra fría, la “aldea global” se deconstruye –para utilizar con alguna frivolidad el término de Derrida- como una nueva forma de ordenación del mundo, planificada por los núcleos oligárquicos del poder mundial. El ritmo actual de la deconstrucción impone una acelerada agitación del universo político del globo: fragmentación/recomposición estructurada en la medida de los intereses de las empresas multinacionales.

La caída de la Unión Soviética y del Muro de Berlín consolidó la hegemonía de la sección anglo-norteamericana de los distritos financieros. Y la colocó a la cabeza de la ejecución del programa económico, político, social, cultural, tecnológico y militar de los “centros de poder concentrado”-como los llamara Noam Chomsky-. Hoy representada, en los estados Unidos, por El Proyecto para un Nuevo Siglo Americano (The Project for the New American Century) y los neoconservadores cabalistas. La deconstrucción geopolítica no es más que el producto de la angustia anglo-norteamericana (en medio del actual desastre de la economía estadounidense) ante la inminente pérdida de las fuentes directas de energía. Según G. John Ikenberry (en uno de sus artículos de la revista “Foreign Affairs”): “Por primera vez desde los albores de la guerra fría, una nueva línea estratégica está cobrando forma en Washington. Su impulso inicial y más directo es la reacción contra el terrorismo, pero también constituye una visión más amplia de cómo Estados Unidos debería ejercer el poder y organizar el orden mundial”.

Para lograr estos fines debían hundir el dedo en la llaga de los grandes conflictos regionales; utilizar (y manipular) la multilateralidad, la revolución informática, los mass media y el derecho internacional; utilizar todos los medios de control social y vigilancia posibles; globalizar y estandarizar la información, con lo cual han conseguido enajenar a la humanidad. Crean (construyen) matrices de opinión, banalizan la política internacional, confiscan las leyes de cada país y desmitifican el concepto, aparentemente insignificante, de “soberanía” para asegurar la formación del “Gobierno Mundial” y forzar el advenimiento del “Nuevo Orden Mundial”.



“La pobreza es para los ricos una anomalía...”
Walter Bagehot


IV


El paradigma político y social de América Latina se está alterando, repentina y gradualmente (apenas importa la paradoja). En el vientre de la Venezuela controlada por la socialdemocracia y la democracia cristiana (operadores políticos de los centros de poder mundial y regional) se estructura una “anomalía”, una “irregularidad”. Se ha producido una “crisis” en el sistema, en el paradigma (para invocar el lenguaje de T.S.Kuhn). En febrero de 1989, una masa más o menos informe, no organizada (pero articulada por la historia) toma las calles de la ciudad de Caracas y la saquea. Se trata del llamado “Caracazo”. Y en febrero del año 1992, un grupo de comandantes del ejército se rebela militarmente contra el gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez. (Aparece) entonces la “anomalía”, se expresa, se objetiva. (Aparece) Hugo Chávez y la “Revolución Bolivariana”, probablemente el mayor y más importante evento político de la segunda mitad del siglo XX en Latinoamérica. La crisis comienza y los signos del nuevo paradigma político y social de Venezuela se manifiestan. Andan por allí, en las calles, en los labios del pueblo, en las imágenes que emergen de la nueva iconografía, en desconocidos marcos de referencia. El viejo paradigma ha sido herido de muerte. Las estructuras políticas cambian, poco a poco, pero explosivamente. En 1998, con la opinión pública y el voto popular a favor, quizás como nunca antes en nuestra historia, Hugo Chávez gana las elecciones (en medio de la resistencia de los centros de poder, que organizan un frustrado y secreto golpe para el día de los comicios). El viejo paradigma se resiste. Lo ha hecho durante cinco años. Sin embargo, el país, el lenguaje, los símbolos, el orden social, las jerarquías, las palabras, la visión de los fenómenos políticos, de los hombres de poder, la apreciación popular hacia los mass media y las instituciones han cambiado radicalmente. Los nuevos gobiernos en el Brasil, Argentina y el Paraguay denuncian la expansión de la “anomalía”. Chávez, Fidel, Lula, Kichnner, los más recientes acuerdos regionales y la declaración del Alca Light anuncian cierto giro hacia la Confederación (el sueño de Bolívar), hacia la construcción de un bloque de poder político y económico apenas imaginable. El nuevo paradigma político y social (en medio del golpe de Estado del día 11 de abril del año 2002; del saboteo petrolero, patronal, en el mes de diciembre del año 2002 y enero de 2003, y el prolongado golpe económico de estos días) se ha consolidado definitivamente. Fenómeno, anomalía, alteración, efecto, consecuencia, producto, la “Revolución Bolivariana” figura la nueva realidad política de América Latina, en cuyo seno nace como consecuencia de la descomposición de los centros de poder regional. Por ello, Hugo Chávez es un hombre a contracorriente. La “Revolución Bolivariana” nace paralelamente con el advenimiento del “Nuevo orden Mundial” (con la invasión de Panamá, a finales de 1989, y de la “Guerra del Golfo Pérsico”, a comienzos del año 1991, durante la administración del Presidente George Bush padre) .

El Gobierno Mundial de los distritos financieros que quiere establecerse, de inmediato ataca la “anomalía”. Se trata de un virus que debe ser destruido. El Basilisco intenta neutralizarlo e interviene: desestabiliza social, económica y políticamente el país; intenta controlarlo socialmente, lo vigila, lo manipula a través de la propaganda negra y las operaciones de guerra psicológica. Instrumenta black ops. (Operaciones negras); fragua golpes de Estado, coloca destructores y portaaviones frente a nuestras costas; organiza saboteos petroleros y “escuadrones de la muerte” (los corderos caminan hacia el sacrificio). Estos “hijos de un dios oscuro” (en Norteamérica, Europa y Japón) son capaces, en realidad, de cualquier atrocidad. En el “Nuevo Orden Mundial” hay una herida: se trata de Hugo Chávez y la “Revolución Bolivariana”.


Autor: José Jesús Villa Pelayo


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